domingo, 19 de enero de 2014

¿Dependencia en las redes sociales?

Actualmente, cada día más personas incluyen en su rutina diaria poner un tweet con una foto suya, subir una foto retocada con un filtro tipo de Instagram de lo que se va a llevar a la boca, compartir con sus amigos de Facebook si se ha levantado con el pie izquierdo, y mandarles mensajes a sus amigos vía WhatsApp.

¿Cuál es el secreto? El secreto del éxito de las redes sociales es la dependencia. Por decirlo de alguna manera, se han convertido en nuestros “diarios”, o simplemente sitios donde nos gusta despotricar y hablar de todas esas cosas que suceden en los deportes, en la política, en el trabajo, en clase, para que lo lean los demás. Para que nos respondan o compartan nuestras opiniones con sus amigos.

No sólo sirven para compartir cosas con gente que conocemos en la vida real. Cada día es más común en redes como Twitter acabar conociendo alguien que vive en la otra punta del país.

Sea como fuere, las redes sociales son un extra que nos “obliga” a estar pendientes del móvil. Y espera, que me ha llegado un WhatsApp. Y voy a twittear lo aburrido que estoy en clase, o lo puteado que me tiene el jefe en el trabajo.

Bleeter, la parodia de la red social Twitter en el juego Grand Theft Auto V.




Conviene tener cuidado con qué se publica en Internet, y con quién lo puede leer. No creo que a tu jefe le guste leer cosas sobre su madre en tus tweets, o a tus profesores les guste leer lo mucho que te aburres en clase.

Para muestra un botón. Muchos de los tuits que se publican son de eventos que se están siguiendo en ese mismo momento (como una conferencia, un partido de fútbol, una manifestación…) o no necesariamente (descubres un grupo de música, has visto una película y ha aflorado tu crítico interior). Sin embargo, otros tantos son tonterías que nos mantienen entretenidos, o simplemente tonterías. Es muy interesante saber el menú del día de los colegas: “a comeeeeeeer hoy pizza ñam ñam xdxd”, el momento en el que van al gimnasio: “vamos a mazarnos al gym tetes”, y los tuits y/o mensajes de WhatsApp a las 3 de la mañana para hacerle saber al mundo entero que si te hacen en ese momento una prueba de alcoholemia, no coges el coche hasta el año 3000.

Esta dependencia (igual que todas las dependencias) no es sana. Hemos llegado a un nivel en el que dos personas pueden ir a comer juntas y no establecer contacto visual. Una historia real: una pareja comiendo juntos, y el chico le decía a su novia que “vaya novia eres, que no me has dado a ‘Me gusta’ en mi Facebook” (lo sé porque pasé por su lado).

También se refleja en esas parejas que están pendientes de la última conexión de su chico en WhatsApp (envidio a quienes tienen iPhone y pueden desactivar la última conexión), o que se engañan creyendo que el segundo tick significa que lo ha leído (cosa que ya no saben cómo desmentir los pobres desarrolladores de la aplicación). O en esa gente que, aun estando en el trabajo, conduciendo, estudiando, aparecen “en línea” pero si hablas con ellos “no puedo hablar ahora, estoy ocupad@”. No lo estarás tanto si no has podido resistir el sacar el móvil.

Mi conclusión es que la dependencia de las redes sociales es más fuerte de lo que pensamos. “Qué chorrada, yo puedo estar sin redes sociales todo el tiempo que quiera”. Puedes probarlo, y si el destete no es tan fácil de llevar, es que estabas enganchado, pero bien.

Simpática viñeta que he encontrado por Google.


Saludos | *
Sergio Martín.

5 comentarios:

  1. Muy buena entrada. Ademas hay que tener en cuenta que los que nacimos entre los 80 y el año 2000 somos de una generacion que no ha recibido ningun tipo de educación en el uso de las redes sociales, y como se ha visto, hay personas que han destrozado su imagen por completo.

    @soydiego91

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    1. Muy cierto. Totalmente de acuerdo. Somos un poco los "testers" de las redes sociales.

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  2. Muy buen artículo. Y por desgracia todo real como la vida misma.

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